Thursday, August 10, 2006

2-FANGLANDIA



Les dio bastante trabajo cruzar el arroyo, crecido por las continuas precipitaciones, pero una vez en la otra orilla echaron la última mirada hacia atrás y se adentraron en las tierras de Fangal. Por suerte para ellos, Tapete no solo leía revistas de tejidos, sino que además estaba suscripto a la National Geographic y había estudiado particularmente bien el tomo que hablaba de la geografía, flora y fauna de Fanglandia, es decir, el país de Fangal. Por ende, mientras se adentraban en el nuevo territorio Tapete iba enumerando y explicando las cosas que observaban, y Elpuré lo escuchaba con atención. No así A. que iba apagando sus escasas luminarias con cada paso, y había perdido interés por todo. Lo que más sorprendió a Elpuré fue cuando al divisar un alto cerro, Tapete explicó que ese era el Monte Negro, tenebroso sitio que dotaba a todos aquellos que lo pisaban de una gran habilidad para jugar al balompié, pero al tiempo terminaban muriendo horrendamente al congelárseles el pecho (además iban al infierno con los diablos rojos). A muchos kilómetros de allí, los mensajeros informaban al malvado Fangal de la intromisión de nuestro peculiar trío. “Intrusos jefe” dijeron con voz metálica los alcahuetes, seres alados parecidos a los buitres, pero que comen chauchas. A Fangal no le gustaron las nuevas y sin salir del charco en el que se estaba embarrando le ordenó a tres ástulos que se ocuparan de ellos. Afortunadamente nuestros amigos estaban expectantes y vieron venir a los ástulos. Estas alimañas, que a simple vista parecen esferas de barro, del tamaño de un puño, exprimen toda la inteligencia de aquel al que tocan, para luego venderles productos de TeVe Compras. ¡Si te atacan agarrate! Claro, te quedan los abdominales fenómenos, pero de pensar, nada. Obviamente, Tapete estaba al tanto de esto y puso sobre aviso a sus compañeros. Comenzó la lucha. Elpuré esquivó a uno y sacando una patata de su saco la derribó con un tiro certero, antes de que pudiera regresar. Tapete, por su parte, tras unas cuantas fintas logró ensartar a la suya utilizando una aguja de tejer (de la que aún pendía una hilacha de lana lila). Pero tan preocupados estaban por sí mismos que nadie reparó en A. Blandon que seguía pensando en lo raro que sonaba “remedio” cuando fue alcanzado en el omóplato por el restante ástulo. Ahora bien, como A. carecía de cualquier tipo de pensamiento, el efecto fue el inverso. Es decir, el golpe del ástulo lo dotó de una inteligencia asombrosa. Pero el inexperimentado ástulo no lo imaginaba y ya se acercaba con una caja de Ab-Tronic, ensayando su discurso de “cansado de gastar tiempo y dinero con aparatos que no dan resultado…” cuando A. le espetó: “No vengáis con nimiedades fangosa criatura. Para eso tráeme el Jack La Lane Power Juicer, así bebo un jugo de zanahoria y potencio mi visión con su vitamina D”. (Afortunadamente no estamos en una de las aventuras de Condorito, porque sino Tapete, Elpuré y el ástulo se hubieran desmayado con el clásico Plop! Acá simplemente el ástulo huyó despavorido y Tapete y Elpuré quedaron estupefactos.)

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Me mataste con Jack La Lane Power Juicern jajaj muy bueno

7:01 PM  

Post a Comment

<< Home